Examinó la escena del crimen e identificó muchas huellas negras en el nivel más alto. El anciano había sido maltratado hasta la muerte por varios de sus huéspedes. En el lugar yacían también sin vida los residentes menos inteligentes, según los registros; y los presuntos responsables, sin coartada, sin móvil y víctimas de sus propios actos. Además, la temperatura de todos los cuerpos sugería que los hechos habían sido bastante recientes. Finalmente anotó: ”Suicidio masivo e inconsciente tras lanzar desmedidos ataques con gases tóxicos”. De inmediato emprendió el regreso a su planeta.
Llegué a la esquina prevista cerca del mediodía. Aguardé allí un rato, para asegurarme de que el dueño de la tienda ya hubiese salido a almorzar. Pasados unos minutos, me acerqué al Coppola’s. Su fachada era de una arquitectura antigua propia de Roma, pero evidentemente había sido remodelada. Dos grandes ventanas de exhibición, una a cada lado de la entrada, dejaban ver pirámides de sombreros sobre un fondo ocre. La puerta principal, polarizada en blanco, reflejaba pobremente mi pálida tez. Saqué entonces el juego de llaves proporcionado por mi enigmático cliente, entré a la tienda, e inicié un reconocimiento rápido. Dentro del lugar había varios estantes, ordenados simétricamente a lo largo y ancho del enorme salón cuadrado, un par de puertas en las esquinas posteriores y un mostrador en medio. Sobre éste último yacía descaradamente el cadáver. Era el cuerpo de un hombre delgado y de piel oscura. Tenía el torso desnudo, pies descalzos y un pantalón beige con negro. Además, una ser...
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