Sobre un mar de hojas secas, en tu inmensidad, bajo tu piel sombría y de brillantes pecas, se inunda tu alma bravía de frescos rostros de amantes, de anarquía. No eres la de las brujas que en tus negros y naranjas se escudan, eres lo que hoy dibujas: dos cuerpos que sudan entre los fríos vientos que les desnudan.