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A una noche otoñal

Sobre un mar de hojas secas,
en tu inmensidad, bajo tu piel sombría
y de brillantes pecas,
se inunda tu alma bravía
de frescos rostros de amantes, de anarquía.

No eres la de las brujas
que en tus negros y naranjas se escudan,
eres lo que hoy dibujas:
dos cuerpos que sudan
entre los fríos vientos que les desnudan.

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